“Desde mi punto de vista…dentro de la barra el Red Baron Pub era un antro lleno de un mar de estudiantes sosteniendo un trago con una mano y con la otra pidiéndome cinco tragos más”

 

Trabajé brevemente de “bartender”en el antro más concurrido por los universitarios en Mayaguez; el Red Baron Pub. Allí llegábamos temprano y nos íbamos temprano…temprano en la mañana del día siguiente. El Red Baron era famoso por tener unos “happy hours”de 25 centavos que provocaban que los universitarios se reunieran tan pronto salieran de clase a beber -vestidos los más cómodamente posible, pues el pub no tan solo era pequeño sino infernalmente caluroso -los estudiantes del Colegio de Mayaguez comenzaban a reunirse en la barra con el único propósito de ingerir la mayor cantidad de alcohol posible que su presupuesto de universitario le permitiera. Pero como 25 centavos era realmente un robo a mano armada al establecimiento, $20 eran suficientes para beber toda la noche, literalmente (y aún te sobraban par de dólares para finalizar la noche comiéndote un pincho en Cariño!).

Si los “bartenders” piensan que su trabajo no es fácil, mucho más complicado es para una chica guapa, con actitud de “bouncer”vendiendo tragos a 25 centavos y tratando de controlar la explosiva combinación de alcohol, hormonas, música pegajosa, testosteronas, más alcohol y delirios de grandeza de universitarios pasaditos de trago.

Ya cerca de las 10 de la noche entrar al pub era realmente más difícil que querer levantarse al día siguiente para cumplir con la clase de pre-cálculo. Las filas eran interminables, y para el que fuera un “regular” del pub se le hacia complicado el llegar hasta la barra a menos que hubiese llegado antes de las 4 de la tarde. Avanzada la noche, el pequeño antro se convertía en un mar de gente apretujada intentando llegar hasta la barra infructuosamente, tratando de pasarle por encima a cuerpos que se dedicaban a sostener un trago con una mano y pedir 5 más con la mano contraria. Desde mi punto de vista, un espacio reducido de par de metros de largo por par de pulgadas de ancho, se veía al otro lado de la barra un mar de gente sudando, bailando, bebiendo y tratando de convencer a alguna “prepita” de que estaba estudiando ingienería en el Colegio pero su verdadera vocación era ser, si señor, un “bartender”de profesión.

Desde la otra esquina del antro, detrás de la barra los estudiantes del RUM veían a la única persona capaz de servirles su próximo trago como si ellos fueran el único cliente de frente. Frases como: “mira chica, cuando tengas tiempo”, “mira cuando puedas”, “mami dame una cerveza” o “¿a qué hora sales?”salían de las lenguas enredades en alcohol de esta tribu de colegiales. Lo que realmente pocos sabían es que por lo general ya a esa hora, y con la cantidad de gente en el antro, difícilmente se les podía escuchar lo que decían. En realidad todos los que allí trabajámos terminábamos sirviendo lo que nos diera la gana, si total, ya los estudiantes no podían discernir entre un licor y el otro.

No era momento para preocuparnos por el servicio al cliente, ni cuánta propina nos tocaría esa noche…el pub no era sitio para semejantes ridiculeces, simplemente era eso: el pub. El letrero de “nos reservamos el derecho de admisión”estaba de lujo…aunque creo haberlo visto en el baño de los varones alguna vez. Al final de la noche lo que quedaba era una cantidad increíble de botellas de licor vacías…”not a dry seat in the house”como diría la dueña de “Coyote Ugly”. Los pocos colegiales que quedaban merodeando por el pub se les despedía cariñosamente con otro trago en la mano. Y vámonos que es tarde….ya salió el sol.

Esta anécdota, cierta por demás, me recuerda que cuando uno es joven, no necesariamente es ignorante, pero si ingenuo. Jamás piensa uno que tanto alcohol servido podría hacerle daño a alguien…eso nos constaba porque al día siguiente estaban los mismos colegiales otra vez, haciendo turno para beber en la barra….y el cuento comenzaba otra vez. Ahora más de 10 años después me doy dos cervezas, dan la una de la madrugada y me caigo del sueño. Cierto es que las prioridades cambian, y en mi caso no hubo “wake-up call”, no tuve accidentes conduciendo luego de beber, no perdí amigos o familiares en accidentes de tránsitos causados por un irresponsable que se embriagó para luego tomar las llaves del carro. No fue madurez…solo un cambio de prioridades que vino acompañado de pañales y bebés pidiendo en mi barra leche materna hasta las cuatro de la madrugada. Pero ahora que mi hija mayor tiene 16 años las cosas cambian….y me pregunto yo: ¿qué puedo hacer para evitar que mis hijos salgan a consumir alcohol antes de cumplir su mayoría de edad? ¿Cómo puedo asegurarme yo de que mis hijos y los hijos de mis amigos volverán de una pieza, sanos y salvos cada vez que decidan ir a “hanguear”?

About Jess!

Consultora de Operaciones de Alimentos y Bebidas. Catadora común y corriente de los placeres de la carne y los espíritus destilados y fermentados.Expertise en Servicio al Cliente...

2 responses »

  1. Guimo Investigador says:

    Hay que confiar en que uno los crió bien… Mantener la comunicación abierta…Dejarlos tomar sus propias decisiones, y que aprendan como nosotros aprendimos.

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