Mi mesera Lulú…buena gente la chica, decidió convertirse en mesera porque para eso no necesitaba estudios, experiencia ni vivencias. Trabajó con su tía Yayita en un negocito familiar vendiendo cervecitas, friendo bacalaítos y soñando con el chico que le hacía el delivery del hielo. Con esta breve referencia consiguió trabajo en un restaurante de esos que tienen un letrero BIEN GRANDE, son franquicias, son multimillonarios en EU vienen a Puerto Rico y  llegan a la cúspide del fracaso como dice Tavín.

El primer error lo cometió quien la contrató; se fijó poco en su experiencia de mesera pero la ligó completita tan pronto entró ese día a la entrevista. El gerente novato, recién graduado de ADMINISTRACION DE HOTELES Y RESTAURANTES, que nunca ha corrido el piso, que no sabe lo que es enrollarse las mangas y recoger platos, pararse frente a la línea y cantar los platos en el orden correcto. Ese mismo que cuando un cliente echa humo por las orejas y pretende quejarse a todo pulmón el gerente lo despacha compeandole la comida cargándosela al restaurante de un plumaso estampando una firma hueca (de cabeza  hueca). Ese día la tasó, la miró, la ligó y decidió (y no necesariamente en ese orden en particular) que la contrataría para que sirviera de matita linda en el medio del restaurante y engalanara su vista todos los días (excepto sus día libres que los pasaba con su santa familia).

El problema amigos, es que no es precisamente el gerente quien tiene que bregar con Lulú, no señor. A Lulú me la tenía que chupar yo, la Asistente de Gerente (de hecho mi badge estaba correctamente escrito “Restaurant Assistant Manager” no Manager Assistant). Los meseros más viejos disfrutaban de estas niñas, y no con morbosidad, no me mal interpreten, a estas nenas se las comían crudas los días de fiesta. Por que tan brillante era el gerente que la contrataba una semana antes del Día de las Madres o San Valentín como la tonta que aseguraba tener experiencia para manejar el “crowd”.

La primera semana era de “training”, si es que se le puede llamar “training” al hecho de dejar a Lulú todo el día detrás del delantal del mesero de turno para que fuera aprendiendo como tomar órdenes y entrarlas al sistema. Que para una niña no-tecno, cuyos únicos botoncitos que sabe apretar con uñas postizas de 2 pulgadas son los de un teclado “query” era realmente una clase de precálculo frente a la Micros. Yo, solo por hacer quedar mal al gerente que luego de contratarla se le ocurre pedir mi opinión (mi muy experta opinión) sobre la niña, dejaba que los meseros más viejos se encargaran de enseñarla a correr el piso. Los varones con miradas pícaras hacían a Lulú rellenar el estante más bajito con tazas de café solo por verla doblarse; las meseras zorras no perdian el tiempo en decirle con esa voz de súplica: “Lulú, tráeme una jarra de refreso”, “Lulú, búscame par de cubiertos extras para la diez”, “Lulú, ¿me velas la sección que voy al baño?”. Y la niña se la pasaba el resto del día siguiendo instrucciones a diestra y diestra (soy izquierda ni crean que les voy a escribir “siniestra” -eso es encontra de los izquierdos!) y  no aprendiendo absolutamente nada.

Desde la otra esquina del salón velaba a mi tribu, “Tan lindos!”, pensaba…si supiera Lulú que a la hora del gentío se la van a comer viva si le toca una de las mesas a los meseros regulares. Pero, luego de haber sido mesera por muuuuuuucho tiempo y gerencial un poco más aprendí a dejar que la soga parta por lo más finito. Total, antes de los tres meses ya Lulú estaría fuera y sería remplazada por una mesera por contrato. Y empezábamos el ciclo otra vez. En la casa nos enseñan a respaldar las decisiones de nuestros superiores aunque sean contradictorias. ¿Quieres que este restaurante brinde un servicio de calidad? Sí, sí sí.  ¿Y por qué contratas mediocridad? Go figure!

-Jessica, te llama el jefe por teléfonooooo!

-Rubia, dile a TU jefe que estoy ocupada con un cliente.

-Dice que vayas a la oficina.

-Rubia, dile a TU jefe que tan pronto termine con el cliente.

-Je!!!! Dice que viene para acá.

-Dios, perdónalo porque no sabe lo que hace…

Lulú, mi mesera estrella había ido llorando donde el gerente porque había tirado al piso accidentalmente una bandeja llena de copas. El gerente novato, indignado por las lágrimas de Lulú, venía rabiando a reclamarme las lágrimas de su nueva adquisición. Después de escuchar pacientemente los gritos del gerente defendiendo a capa y espada a su amada mesera no me quedó de otra que voltear con mucha calma a mirar a la tribu de meseros al otro extremo del salón pretendiendo enrolar cubiertos y ocultando la risa con las servilletas. Eso me lo dijo todo. -Secuaces, ya verán.

Caminé con lentitud hasta la tribu, Lulú iba arrastrando los pies detrás de los míos, enjugándose las lágrimas con aquellas uñas acrílicas, secándose la nariz con el delantal (uuggghhh!). Me detuve haciendo un esfuerzo máximo por contener la sonrisa que se me colaba por la esquina derecha de la boca. De pie frente a los meseros, ya casi desternillándose de la risa les pregunté con mucho temple que le habían dicho a Lulú cuando se le cayó la bandeja llena de copas.

-Nah! Jefa, no le dijimos nada.

-Sí, jefa, ¿nos cree capaz?

-Oh, no me hagas responderte esa! Lulú dime por qué lloras, ¿los chicos no fueron lo suficientemente caballerosos para ayudarte a recoger las copas? ¿O las nenas no tuvieron compansión de ti?

-No fue eso señora…(y aquí yo tragué con dificultad, más respeto niña!). Lo que pasó es que cuando se me cayeron las copas, los meseros me ayudaron a recogerlas. Como cuatro de ellos me ayudaron (no lo dudo Lulú, ellos taaaan amables), lo que pasó es que yo estoy empezando ¿sabe? yo necesito el dinero para pagar mi celular, ir al beauty la semana que viene y pagar los libros de la universidad y ellos me dijeron que no me preocupara por las copas rotas, que eso me lo iban a descontar del primer cheque la semana que viene.

Y así, entre mucosidad, lágrimas y risitas de cómplices se estrenaba Lulú como mesera…

About Jess!

Consultora de Operaciones de Alimentos y Bebidas. Catadora común y corriente de los placeres de la carne y los espíritus destilados y fermentados.Expertise en Servicio al Cliente...

2 responses »

  1. Martiña says:

    No se que habrá pasado con”LULU” pero lo que si estoy segura es que Jesse puede darnos la sorpresa de convertirse en una excelente escritora, porque no hay nada mejor que contar historias de una manera simple y amenas, tal como las vemos a través de las experiencias vividas…. Si te animas seré una fiel lectora y hasta tu rep,jajajajaaja.

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