He tenido la oportunidad de entrevistar personas solicitando trabajo como meseros y meseras en esta provechosa industria de alimentos y bebidas. En su mayoría, jóvenes con varios meses de experiencia en dos o tres trabajos relacionados a restaurantes. Otros, con extensos resumés y un trasfondo laboral impresionante. Aunque el resumé se queda corto a la hora de presentar ante un gerente de alimentos y bebidas las habilidades de un mesero, sigue siendo una pieza útil cuando se quiere escoger un personal que tenga madera para trabajar en un restaurante; al final la decisión seguirá siendo dirigida por la intuición de quien hace la entrevista.

En mi carácter personal me gustan las anécdotas del entrevistado. Siempre es bueno escuchar las diferentes razones del porqué una persona que alega tener experiencia de mesero cambia de trabajo cada seis meses. Pocas veces han llegado a mis manos resumés que presentan un par de experiencias de trabajo y más de cinco u ocho años en cada uno. La pregunta obligada es por qué abandonó su empleo anterior para obtener como respuesta que lamentablemente fue cesanteado o simplemente el lugar cerró operaciones.

Pero son los primeros, los meseros que han ostendado varios trabajos, los que me hacen soltar papel y lápiz (y la guía de preguntas obligadas) y entrar de lleno en otro ejercicio para evaluar al posible candidato a mesero tomando en consideración que en mi carrera profesional tan solo un director de alimentos y bebidas me ha preguntado en una entrevista por cuál lado se sirve un plato y por cuál lado se recoge. Así que dispuesta a emular el ejercicio decido obviar el tedioso proceso de entrevista estructurada y doy paso a una audición.

Mi primer candidato había laborado en Chili’s de Condado, que de paso hay que señalar es el más concurrido del país. Entendemos entonces que el chico tiene lo que se conoce como “sentido de urgencia”, atender con premura a un comensal impaciente en un lugar atestado de personas. Su segunda experiencia de trabajo había sido en un Denny’s y por último había trabajado de “bouncer” en un pub en el área capitalina, lo que me indica que en algún momento tuvo la oportunidad de escoltar a algún cliente impropio fuera del establecimiento. Me pregunto si tiene “tacto” con los clientes ligeramente intoxicados.

Para dar comienzo al ejercicio le pregunto a mi candidato si tendría la amabilidad de traerme la agenda que inadvertidamente había dejado olvidada tres mesas más allá de donde se llevaba a cabo nuestro proceso de entrevista. El chico, muy amable, accedió a mi petención; se levantó de la mesa y se dirigió a buscar la agenda. Ahora bien, este ejercicio difícilmente podrían encontrarlo entre los textos de recursos humanos pero a mi me sirve mejor que el pedazo de papel con las experiencias de trabajo del candidato. Les diré porqué…

Tan pronto mi candidato dio la espalda me dio la oportunidad de “tasarlo”, si leyó bien TASARLO. Desde su postura hasta como se mueve entre las mesas; si fue capaz de transportar su cuerpo con gallardía; si mantuvo su cuerpo erguido durante el trayecto. Si actúo con premura ante la diligencia, si su proyección fue la correcta; si mostró confianza al llevar a cabo una tarea simple. Si al volver utilizó ambas manos para traer la agenda o la colocó sin reparos debajo de su brazo. Si la dejó caer al llegar a la mesa o la depositó con cuidado.

Mi candidato se desenvolvió bastante bien. Ya sentado ante mi, miraba con disimulo lo que escribía en mi agenda, aún nervioso intentaba entablar una charla amena preguntándome sobre el menú del restaurante. Le entregué un menú para aplacar su curiosidad lo que me dio el tiempo justo para continuar mi ejercicio. Mientras el candidato leía el menú pude observar con detenimiento la blancura de su camisa, la pulcridad de sus uñas, el rostro recién afeitado, el cabello corto y un pequeño pedazo de bendaje crema en el lóbulo de su oreja derecha…pensé que cuatro de cinco no estaba nada mal.

Para terminar con el proceso de entrevista, ahora convertido en una audición le pedí a mi candidato que me acompañara a la barra de la piscina. Ya ubicados frente a la barra y mientras le daba instrucciones a uno de mis “bartenders” observé disimuladamente como mi potencial candidato haló una silla para que se sentara una turista embadurnada en bloqueador solar y como de manera automática tomó una servilleta del servilletero para absorber el anillo que la cerveza fría había dejado atrás. Devuelta al restaurante, mi candidato abrió gentilmente la puerta para darme paso, esperó a que yo me sentera para sentarse él y terminó nuestra audición dándome las gracias por haberlo atendido.

La curiosidad no me molestó tanto, pero sí la intuición, ¿por qué una persona que aparenta confianza y buena proyección no mantiene un trabajo por más tiempo? Para indagar no me quedaba más remedio que volver al proceso de entrevista típico y preguntar el por qué. La respuesta de mi candidato fue muy honesta; simplemente en su carrera universitaria había ocurrido una serie de cambios y trotaba de unviersidad en universidad tratando de hallar la carrera profesional correcta. Impresionada con su honestidad me inclinaba a ofrecerle una segunda entrevista con el otro gerente del restaurante, con el cual me esperaba una larga charla junto a un café para explicarle por qué a veces nostras nos fijamos en otras cosas que ellos no se fijan y que a la larga nos sirve para afinar nuestra intuición…

About Jess!

Consultora de Operaciones de Alimentos y Bebidas. Catadora común y corriente de los placeres de la carne y los espíritus destilados y fermentados.Expertise en Servicio al Cliente...

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