Como les había contado en el “post” anterior, mi ingenuidad no me ayudaba a generar más propinas y mucho menos mi poco o ningún conocimiento sobre bebidas. Aunque había trabajado brevemente de “bartender” en una barra, fue algo así como dice mi medio limón: “bartender de cerveza y ron”; ni vino, ni tragos exóticos, cockteles ni nada por el estilo y mucho menos “champagne”.

Trabajando en la discoteca Hollys, generalmente teníamos todos los fines de semana los mismos clientes regulares. Ya todas estábamos familiarizadas con los gustos de cada uno de ellos conviertiéndose en un “no brainer” servirles. Para “el seguro social” era mucho más fácil todavía. A mi me tocaba montar la barra adicional del “happy hour” para damas; bebida gratis para las que llegaban regias de punta en blanco y salían a las 2 de la madrugada espelusás, riendo como hienas, y los doncitos relamiéndose los colimillitos. Una mesa de 6, un mantel blanco y un rodapié del mismo color, sobre la mesa cuatro botellas: ginebra Calvert, vodka Nadja, ron Don Q y de whiskey Cutty Sark (¡no, no éramos hotel de cinco estrellas!). Y con estas cuatro botellas espiritosas éramos capaces de convertir al doncito menos guapo en un galán, el joven primerizo en el ser más felíz de la noche y al “seguro social” en “no hay más ná”.

Una noche como cualquier otra, llena a capacidad me tocó atender a un doncito, señor serio, muy amable que me trató con mucho respeto. Comenzó bebiendo whiskey con tónica y se dedicó a sentarse en una mesa de cocktail toda la noche a observar al resto de los parroquianos bailar hasta sudar. Y la discoteca tenía aire pero que va, la pista era tan y tan pequeña que estoy segura que fue en ella donde se acuñó el término de “guayar hebillas”. Al décimo trago el doncito se paró de la silla, pareció dar varios pasitos pero el alcohol que le corría por las venas lo hizo tambalearse, se sentó nuevamente, miró para todos lados y como tal parece que no consiguió “seguro social” para sacar a bailar, me hizo señas. Y esta víctima calló y cayó….

-¿Cuál es tu nombre jovencita?

-Jessica, joven. ¿Cómo le ayudo? (Y nota al calce, tratar a todos mis clientes de “joven” independientemente de la edad, de si andan con bastón, en silla de ruedas o guayabera los hace sentirse realmente halagados, dándome como resultado un genuino “gracia$$”).

-Yo quiero tomarme una Dom Perignon pero con una sóla condición.

-Diga usted.

-Que la primera copa tiene que ser compartida con una hermosa joven como usted.

Y aquí tragué hondo, ofendida, realmente indignada. Y pensé, a esta hora y después de 10 tragos de whiskey este don verá a cualquiera como una hermosa joven. Que mi belleza es natural y debe ser apreciada sin que medie el alcohol. ¡Qué barbaridad! Y la parte de la copa, que va. Eso solo me preocupó en un segundo plano.

-Usted verá, don Pedro. Yo no puedo beber en el trabajo, le agradezco la invitación, pero desisto cordialmente.

Caminé con orgullo hasta la barra a contarle a las nenas y los “bartenders” de la ridícula propuesta. Anderson, mi gerente se encontraba en el lado opuesto de la barra y se perdió el cuento. Luego de decirle a Sammy que el don quería una Dom, faltó poco para que me lanzaran con las bandejas las meseras y me metieras de cabeza en la licuadora con esa pegajosidad de lo que deja licuar piña colada tras piña colada sin lavar el envase.

-Loca, ¿tu sabes cuánto vale la botella de Dom Perignon que tenemos aquí?

-¿La botella de don quién? Yo pensé que él me pidió cualquier cosa pero es que no puedo beber con él

Ya mi gerente venía de camino al vernos arremolinados en la barra. No le gustaba en absoluto el corillo. Y cuando llegó alcanzó a escuchar sólo la palabra “Dom” y los ojos se le desorbitaron.

-¡Jessica, una botella de Dom Perignon Moet & Chandon vale $500!

-Mira Sammy, yo no sé si él es o no es Don Pedro Morel y Chacón pero yo no me presto para beber con un cliente.

-¿Qué parte de una venta de $500 no entendiste para meterte con la bandeja?

-Bengi (el otro bartender/papi-chulo de la barra), que me pidió me bebiera la primera copa con él chico. ¿Qué te crees?

Y a coro llamaron a Anderson y me hicieron explicarle la situación. El gerente me miró fijamente, pensó lo que le toma a cualquier ser humano pensar cuando ve un billete de $20 en la calle: “lo cojo o no lo cojo”…

-Jessica, busca la botella, llama a seguridad y vete con el cliente al otro extremo de la cocina, donde nadie te vea y te tomas la copa. Que no se diga que no complacemos a nuestros clientes más distinguido$$$.

-¡Pero si yo no bebo!

-Hoy sí, mañana no.

Y siguiendo la orden de mi jefe, botella en mano y seguridad en la otra, me di un sorbo de Dom Perignon Moet & Chandon (Don Pedro Morel y Chacón para mí)…

En el transcurso de la noche Don Pedro le ofreció otra botella a una mesa amiga. Su cheque fue de $1,300.00 y la propina de esta humilde servidora ascendió casi a $500 que fue muy gentilmente compartida con aquellas meseras que ayudaron con las hieleras, las copas y los “bartenders” que tan cordialmente se abstuvieron de tirarme con la licuadora de las piñas coladas.

¡Salud!

About Jess!

Consultora de Operaciones de Alimentos y Bebidas. Catadora común y corriente de los placeres de la carne y los espíritus destilados y fermentados.Expertise en Servicio al Cliente...

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s