Mi primer día de trabajo en el Hilton de Mayaguez fue cruzando una línea de piquetes. Caminaba sigilosa entre una multitud de unionados sosteniendo pancartas gritando a todo pulmón consignas de rebelión contra la gerencia. Traté de ocultar el cartapacio con los papeles recién firmados para comenzar a laborar. Pero los unionados se dieron cuenta intentaba cruzar para reportarme a trabajar.

Ni porque andaba vestida de “civil” les hice creer era huesped de la hospedería. Fue como la primera vez que me tocó llegar al Colegio. Nada delata más al prepa que la mirada perdida y caminar cabizbajo; o peor aún preguntar dónde queda Chardón. Pero yo no llegué a cometer ninguno de esos errores. Casi llegando al lobby de Generales y antes de cantar victoria de haber pasado desapercibida me delató la “biblia”. Cargaba en mi mano la guía del Colegio, lectura obligada de los prepas. Difícil de ocultar cuando es del tamaño de los tomos introductorios de CISO, el I y el II juntos.

Cuando de la línea de piquete no quedaba sino papeles estrujados y egos heridos, la caminata a la barra del lounge era pacífica. Todas las noches me tocaba trabajar la barra como mesera de coctel. El dichoso uniforme de blanco y negro y lazo me convertía en el vellón del pub más cercano. Cuando luego de una noche larga y productiva de propinas llegaba a liberar el stress y tomar par de cervecitas se lució un pajuato de orilla de barra: “Oye nena, ¿tu guías limosinas? (Idiota, pensé en voz alta).

Los jueves en la noche llegaba este clientito bonachón, amable con las doñitas y de muy buen “tippiar”. Israel el bartender de la barra del Hilton no lo soportaba, pero como todo buen hotelero lo “toleraba”. Cuando entraba el Memo, el segundo bartender de turno, y ya con el clientito metidito en tragos daba gusto ver como los bartenders le pegaban el vellón.

De las pocas veces que me paraba en el “hot spot” de la barra y prestaba oído para escuchar al cliente pedir nunca lograba entender porque corría de un lado al otro ordenándole a ambos bartenders. Usualmente Israel era muy celoso con su lado de la barra; el lado izquierdo, donde estaba la esquina caliente de los meseros era para él. El lado derecho le pertenecía a Memo y lo curioso era que aunque ambos bartenders sabían exactamente lo que el cliente bebía, cada vez que éste le pedía a Israel, Israel lo mandaba a donde Memo. Y cuando el cliente caminaba al otro lado de la barra, Memo lo mandaba hasta donde Israel.

Después de una larga noche agotadora de ver al cliente caminar de lado a lado en la barra para pedir su trago no me quedó de otra que pegar oreja y averiguar cual era el vacilón. Pues el cliente cuando se acercaba a Israel, ya con el alcohol haciéndole la lengua tropezar se comportaba muy educado.

Se acercaba a Israel y le decía:

-Cuando tengas tiempo me sirves un Don Q. Israel le rispostaba –No señor, yo soy  “cuando puedas”, aquel es “cuando tengas tiempo” señalando a Memo.

Y el doncito caminaba al otro extremo y le decía al segundo bartender:

-Oye, cuando puedas me das otro Don Q. Y Memo le respondía –Que le he dicho señor, yo soy “cuando tenga tiempo”, aquel es “cuando puedas” señalando a Israel que empezaba a colar la sonrisa burlona por el lado izquierdo de su labio. Y el doncito volvía donde Israel.

Al final de la noche el doncito agotado ya por el camina y camina de una lado al otro de la barra, sostenía el trago en una mano con la otra dirigía una orquesta imaginaria. Cantaba a todo pulmón los merenguitos que el disc jockey tocaba. Yo me reía, pero bajito no fuera qu ese diera cuenta de mi insolencia. Israel y Memo no eran tan disimulados y reían a carcajadas. Pero total no se puede decir que no se le atendía bien al doncito.

Le pregunté a Israel el porqué del chistecito. Me contó que “cuando puedas” y “cuando tengas tiempo” son las frases más prostituídas en la barra. Los sobrenombres perfectos para ignorar al cliente que intenta ser sutil en medio del “rush” del “happy hour”. Así que ya saben, en medio del revolú pregunte por el nombre del bartender que le atiende, le asegurará pronta atención que si le llamara por su sobre nombre de “cuando puedas” o peor aún “cuando tengas tiempo”. Me recuerda al letrerito en las oficinas de gobierno de un don narizón riéndose a carcajadas bajo letras grandes que leen “¿Qué para cuándo dijo que lo quiere? JAJAJAJAJA…..

About Jess!

Consultora de Operaciones de Alimentos y Bebidas. Catadora común y corriente de los placeres de la carne y los espíritus destilados y fermentados.Expertise en Servicio al Cliente...

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