Sé que el título te dio curiosidad de leer este post, pero nope nada que ver contigo… En mis primeros años de formación académica a nivel universitario mi mejor recuerdo fue el día que llegó la carta de admisión del Colegio de Mayaguez a mi casa. Y a Dios gracias, porque me obligó a quedarme bajo la falda de mi madre par de años más. Mi mamá estaba tan orgullosa que cuanto cliente le llegaba a casa se lo contaba y yo no encontraba donde meter la cabeza; “¡ay má! si yo entré por ciencias sociales eso es lo mismo que entrar por educación física”. Luego aprendí de prepa que en el RUM nos decían ciencias inútiles (me sacaba por el techo) pero cuando  llegué a los salones de Chardón y me senté en aquellos pupitres bajo la mirada de profesores como Latoni, Generoso Trigo, Jaime Gutiérrez Sánchez, Tristani, Detrés y Valdés-Pizzini me enamoré de las ciencias sociales llegando a tener un serio romance con la sociología.

Y pasé por antropología cultural y física, llegando a tener el gusto de aprender de las sabias barbas de Manuel Valdés-Pizzini, quien me enseñó la manera correcta de leer un libro: “usted toma el libro, lo abre, lo hojea, lo huele…”. Quedé prendida de su cerebro al punto de tener un affair a escondidas con su brillantez y calidad de ser humano. Ahora cuando el candidato a novio de ingeniería química se reía de mi concentración le recordaba con sarcasmo que nosotros somos quienes les damos trabajo. Eso es un cuento largo y un chiste interno.

Pues navegando en el “blog” del Tío Manolo me he tropezado con este artículo que bien le dedico a mis amigos los chefs. ¿Ven cómo ser estudiante de sociología graduada de Justicia Criminal encaja a la perfección con la industria de alimentos & bebidas? “De poetas, chef y sociólogos, todos tenemos un poco” (o al menos conocemos a alguien en feisbúk que sí lo es). Les cuento…

Dice el Tío Manolo que DACO alertaba a los consumidores que debían estar pendientes cuando fueran a comprar el “bacalao nuestro de cada día” al supermercado porque en las góndolas había un pescado llamado “pollock” (oiga, que se pronuncia po-lok), de apariencia, textura y sabor similar al bacalao. ¿Pueden creer que el paladar del puertorriqueño sea fácil de engañar? Pues sí. Y no tan solo el paladar sino el cerebro; tengo clientes que en sus restaurantes hacen tilapia y se le prohibe a los meseros decir que es tilapia puesto que “el puertorriqueño lo ve como comida de pobres”. Se sugieren otros nombres para “engañar” al cliente…

Pues bien, dice el Tío que eso no es de ahora, sino que viene sucediendo desde hace más de una década: “no hay suficiente bacalao para suplir la tradicional demanda mundial”. El que se consume hace más de 20 años en PR es el abadejo del Pacífico (Theragra chalcogramma) y no el bacalao tradicional (Gadus morhua). Es capturado en el Mar de Bering por pescadores chinos, rusos y americanos. En fín, que el puertorriqueño vive engañado pensando que come bacalao pero ni tanto es el engaño cuando lleva más de 20 años comiendo el sustituto. Como diría Normando Valentín, ¿Qué les parece?

Entonces a educar paladares; cuando vaya a un restaurante pregúntele al mesero cuál es el pescado del día y ruegue ¡oh, Dios! ruegue que el mesero le sepa contestar con seguridad y honestidad. Y otra cosa les cuento, no se dejen engañar por el juego de palabras que manifiesta “pescado fresco” porque les aseguro es “frescamente descongelado”. A menos que el restaurante adquiera los mismos de una pescadería podrá tener los “bragging rights” de que es fresco. Aún así el Tío Manolo me cuenta que si la pescadería no lo vende el mismo día de la pesca tiene que congelarlo. Por lo tanto, ¡a tomates no huele!

De hecho el Código de Alimentos estipula que la congelación es el método que se utiliza para elimar parásito a los pescados. El Código requiere que pescados crudos se congelen a una temperatura de -4°F (-20°C) o menor por lo menos 7 días. Este tipo de cogelación destruye los parásitos que se encuentran en los pescados y garantiza que productos como sushi estén libres de parásitos vivos, aunque no de bacterias.

Mucho ojo si come en Barranquitas “pescado fresco” o en Adjuntas….¡porque mínimo tuvo que haber llegado congelado allá arriba! Si usted quiere saborearse un chillo en escabeche o entomatado no le queda de otra que ir a la costa.

About Jess!

Consultora de Operaciones de Alimentos y Bebidas. Catadora común y corriente de los placeres de la carne y los espíritus destilados y fermentados.Expertise en Servicio al Cliente...

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