Mis islanderitas aceptaron el reto y se tiraron “al área” a constatar porque esta islanderita se había “aguaynabado” un chin, tan solo un chin. Se montaron en la guagua y comenzaron la trayectoria con un regaño. -¿Cómo, pero cómo es posible que salen de Cabo Rojo y se tiran por el norte para llegar a San Juan? ¡Jibaritas! pero la Beba “justificó” el despiste con un “es que andamos de paseo” y un antojo de parar en La Frappera (npi) a tomar frappes. -Yo no sé tu, pero a mi me enseñaron en la clase de geometría de Vilella, sentadita al lado de la Keyla Hernández la reportera, que el punto más corto de A a B era y sigue siendo, una línea recta. Ese día yo atendía la clase, ellas andaban en la pifia.

Llegaron al Hilton se pusieron regias y de camino a Caguas para su primera parada gastronómica. A raíz de la publicación de una foto de una sangría de parcha en mi fan page, la Roxy se antojó de probarla y hubo que llevarla. Esto me complicó los planes, pues ya había cuadrado con un amigo, el Chef Mark A. Cruz una serie de tapas hechas especialmente para las “islanderitas”. El plan era tomar la sangría en la barra y salir cantando al otro restaurante donde el chef nos esperaba. Pero como la Rebe, se dejó llevar diz que por el GPS (Girando Por la Salida incorrecta) se tardaron en llegar a Caguas y se nos hizo tarde. Tuve que cancelar la comida del chef, llevarlas a tomar la sangría a Angus Ranch & Co. para complacer a la niña menor-menor del grupo y quedarnos a comer obligatoriamente allí por que todas andaban literalmente “muertas de hambres” con un frappe en el estomágo.

Alli René, “Calle 13” como la bautizó la Beba nos serviría de mesero. Y escuchen bien, a nuestra llegada el restaurante nos topamos con que estaba repleto, nuestra mesa se tardaría 25 minutos nos advirtió la “hostess” y la segunda lección de las islanderitas empezó en ese momento: si no quieres esperar vete directamente a la barra. Allí nos acomodamos en menos de 10 minutos en la próxima mesa disponible, agarramos al bartender desprevenido y lo convertimos en nuestro mesero particular y en menos de 30 minutos ya estábamos cenando a gusto.

Las islanderitas muertas de hambre, fueron advertidas que allí se come como macho, y para disimular todas se dejaron llevar por el pedido de Jess! y se fueron de pechugas rellenas de un majado de amarillos colmadas con queso derretido….¡SUBLIME! La sangría de parcha habia sido sugerida por una de mis clientas razón por la cual la Roxy decidió que también quería probarla. Finalmente a mi no me quedó de otra que terminar la cena con un impromptu de Jack Daniels Honey, mi otro placer, disfrazado de nombre de hombre. Luego les cuento como surgió este romance.

Las islanderitas, co-dirigidas por una guaynabita not wanna be, se dejaron llevar pero se portaron como lo que son “de la isla”, al pedir la cuenta del restaurante la Rebe me la arrebató de las manos yo dispuesta a invitar, después de todo fui yo quien las trajo hasta la jungla de metal. Obligada a obedecer a la hija de Doña Amparo no me quedo de otra que guardar la tarjeta de crédito con todo y trompa en la cartera para que la susodicha diera el plumazo. A insitencias de la islanderita mayor René le pidió al dueño del circo que pasara a saludar y Don Andrés, raudo pero nada de veloz tuvo la delicadeza de recibir de buen agrado a las nenas “del patio” de Jess! las cuales se mostraron muy agradecidas de la comida y el servicio. Misión cumplida.

Ahora, para demostrar mi punto de porque una islanderita ha de “aguaynabarse” a estos rumbos la próxima parada tenía que ser en el antro más concurrido de Isla Verde, humilde de tenerlos como clientes, nos encaminamos a Oceano Lounge en Condado. Para que puedan entender solo una fracción de lo que sucede en la mente de una mujer “de la isla”, nuestras madres nos han enseñado que siempre hay que vestir con ropas menores adecuadas en caso de un accidente o una visita inesperada a un hospital, siempre, siempre hemos de tener “paños menores” apropiados. La Roxy, bien-criada por Doña Gladys lleva esto hasta el fondo de la cartera, donde en una esquina casi incospicua descansaban unos atuendos particulares. Las nenas, en conversaciones de mujer a mujer en sobremesa de comida me comentaban que cuando fueran grandes querian ser como Roxy. Y yo las alentaba a que me contaran el cuento porque me tenían ¡atras! A lo que la Rebe respondió: “eso te pasa por ser la que más lejos vive”. Les di gavela, y las dejé me corrieran la máquina. Pero les digo niñas bonitas….más sabe el diablo por viejo que por ser la mujer del diablo. En sus lenguas me quedo.

En la entrada de Oceano el “bouncer” pidió verificar mi cartera antes de entrar y se la mostré sin reparos pero cuando pidió ver la de Roxy se encontró con una “islanderita” casi botando saliva por la boca de las carcajadas retándolo que buscara en la cartera de la menor-menor del grupo. Tanto fue el relajo, cuando el resto de la tribu se dio cuenta del asuntito, que el “bouncer” no se atrevió a meter la mano, se pasmó y decidió dejarnos entrar sin pasar él ¡un bochorno!

Cena en Angus Ranch & Co.

Ya dentro del local, las nenas no quisieron tomar, tal vez el cansancio, el viaje, la “jartera” en perfecto español. Yo una copa de vino blanco, la Rebe un Midori Sour, la Roxy un Mojito y la Beba, si señor la Beba con una botella de agua y sentadas el desfile comenzó. En el área, en el área metro, en San Juan, Isla Verde, Condado, como lo quieras llamar el desfile de hembras es igual; todo se mide en pulgadas. Tacas de 4, uñas de 3, minifaldas de 2 (más arriba de la rodilla)….chicos espectaculares agarrados del brazo y tragos exóticos de a $12.00. Nosotras, islanderitas de pies, a 6 pies de distancia de los fumadores, a 5 pies de distancia de la barra, a 4 pies de distancia de los rídiculos, a 3 pies de distancia de las ridículas, a 2 pies de distancia de la salida y a un pie de distancia de nuestra identidad. Que no nos dejamos, que secretiamos hablando de ellos y ellas, que no es nuestro estilo, que preferimos hablar de nuestros destinos y no del de otros. Que celebramos encontrarnos para compartir siempre los mismos cuentos: “te acuerdas de tal o cual cosa en la escuela”….seguimos siendo a pesar de todos “buenas niñas” de algarabía como las que llegan de tropel justo a la campana del almuerzo, islanderitas….lejos, muy pero que muy lejos de querer ser “guaynabitas”. Aun chequeamos el GPS, bajamos el cristal y preguntamos como llego a tal o cual lado. Paramos en cualquier frutera y nos damos un frappe en lugar de un trago…así es que somos “de la isla” para ustedes los que estigman, de mi pueblo para nosotras que nos acoplamos a cualquier ambiente. Porque déjenme decirles damas y caballeros que las islanderitas son capaces de ser camaleónicas, y pasar desapercibidas pero una “guaynabita” en Mayaguez se le ve a distancia la costura…..pero bieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeen lejos que se le ve la costura.

 

About Jess!

Consultora de Operaciones de Alimentos y Bebidas. Catadora común y corriente de los placeres de la carne y los espíritus destilados y fermentados.Expertise en Servicio al Cliente...

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