Vamos a tener que condensar estos “post” y en uno hablar de varias cosas, porque esto de mantener a los lectores ávidos de leer y mantenerlos “clickeando” es todo un evento.

El primero de junio salimos a comer. Verán les contaré porque comemos tanto afuera. Yo cocino para cuatro y en mi casa somos cinco (y una perra que come casero) lo que significa dos cosas:

La primera: Prohibido repetir.

La segunda: No sabemos lo que son sobras y comer recalentado.

Les confieso que cocino a empujones para que mis hijos no se mueran de hambre, aunque ya los he adiestrado efectivamente para que preparen desayunos y almuerzos ligeros mientras yo laboro en mi computadora. Les parecerá cruel, pero créanme cuando les digo que lo que ellos preparan vale mucho más que lo que yo les pueda hacer. ¡Hasta la :)La Nella se prepara sus bentos para la escuela!

Pues el primero de junio fuimos a comer por primera vez a un restaurante que no habíamos visitado en Caguas. Debut y despedida. Tsk, Tsk, Tsk….la mesera infectivamente trató de darme una explicación justa de porque una pasta sale antes que un aperitivo y un churrasco medium well. Causa perdida.

Nos sirvieron los alimentos en platos rotos. Si leyeron bien: R-O-T-O-S. Y como bien dijo mi buena amiga Sara en un comment bajo la foto posteada en FB había que darle un azote a todos y cada uno de esos empleados que sostuvieron entre sus manos los platos rotos y los hicieron llegar desde la cocina hasta mi mesa.

Para culminar la infame cena, el menú estipulaba que el costo del churrasco era de $14.00 (un tanto overpriced) pero la cuenta llegó a mi mesa con un cargo de $19.00. Le pedi a la mesera que corroborara el cargo y lo arreglara.

Desde que puse un pie en el restaurante sabía me iria de feria y me pregunto yo que les cuesta, ¿que les cuesta desplazar toda su atención indivisible a un cliente que llega por vez primera a su local? ¿Qué no saben que el jíbaro de antaño se destacaba por su hospitalidad? Vívanse este ejemplo:

En casa de mi familia en Sabana Grande se cocina todos los días como si viniera a comer un batallón. Toda persona que ose cruzar la puerta de entrada a la casa y plasme su mirada en el emjambre de 4 mujeres voluminosas metidas en una cocina diminuta sabe lo que le espera.

Jess entra al comedor…

-¡Eh, nena! ¿Vas a comer?

-No titi, no tengo hambre.

-Siéntate que te sirvo ahora.

-¡Pero es que yo no tengo hambre!

-¡Nena pero que flaca tu estás! ¿Quieres arroz blanco o guisado?

-No tití…no quiero comer (sentándome en la mesa del comedor).

-¿Quieres bistec o te caliento pollo?

Jess O_0

Y así fluye la conversación que te obliga a comer porque si no ofendes. Y ni se crean es arroz, habichuelas y bistec. En el campo es arroz, habichuelas, bistec, pan con mantequilla, ensalada verde, jugo, agua y café. Y de paso se recalienta lo que sobró del día anterior (aquí entra el arroz guisadoy el pollo).

No sé si fue haberme criado en el otro lado de esta isla pero a mi me enseñaron cortesía, prontitud, amabilidad….y todas esas cosas que hoy día con el ajetreo diario se pierde en nuestros restaurantes.

Que entré yo (o cualquier de ustedes a ese mismo restaurante del primero de junio) y lo menos que espero es:

-Que todo el personal levante su mirada y salude con un gesto de amabilidad.

-Que vengan inmediatamente a la mesa con menú en mano y no tener que devolverse a buscarlo porque se dieron cuenta que vamos a comer.

-Que los meseros no estén sentados frente al POS escribiendo cosas…para eso hay oficinas.

-Que los meseros estén comiendo en el salón donde los clientes hambrientos esperan más de 20 minutos por su comida.

-Que se ahorren explicaciones de porque la comida no sale a tiempo.

-Que toda la vajilla esté en buenas condiciones, no platos rotos, no copas con marcas de lipstick barato, ni rotas, ni con manchas de agua…cubiertos pulidos y limpios.

Y todas esas otras ridiculeces, pequeños detalles que nos hacen sentir a nosotros los clientes como que ellos se tomaron el tiempo de prepararnos la mesa en el comedor de sus propias casas. Al fin y al cabo para eso le pagamos con nuestra presencia y la cartera.

Sin embargo, el cuento fue otro cuando visité Food Space en los kioskos de Luquillo donde llegué por instrucciones de mi cliente/amiguita Mary Llenza. Allí, al otro extremo de la isla la cosa se pone buena. Y así tropezándome con Ginet, la mesera me sentí como si me hubiera sentado a comer en la mesa de mi casa. Pura amabilidad…daba gusto devorar el sabroso sandwich de vegetales de las manos del Chef Michael Glatz.

Termino este post con la visita a Casa Bavaria. Asistida por mi GPS favorito (Guys Pointing Signs) llegamos a donde el diablo dejó la casa porque era lejos y se sentó a beber cervezas artesanales. El servicio fue excelente, la comida excepcional y el ambiente rico. Todo lo que comimos y bebimos fueron sugerencias de mis cyber-amigos en feisbúk. Desde el exquisito remoulade (Gracias a Barbie de Barbistro Gourmet), la deliciosa cerveza Ayinger (Gracias María de Taberna Boricua) y el obligado jagermeister (Gracias Rafael de Foodiespr) todo estuvo exquisito….

About Jess!

Consultora de Operaciones de Alimentos y Bebidas. Catadora común y corriente de los placeres de la carne y los espíritus destilados y fermentados.Expertise en Servicio al Cliente...

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