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En abandono total, lo sé. Los tengo abandonados (shame on me!). Pero les tengo que confesar dos cosas: la primera que hoy “bloggeo” sin vino (lo que les deja saber que me he de portar bien), y segundo que perdí la musa. Sí señores y señoras, perdí la musa. Van meses que no escribo….porque no he tenido musa (musarañas un montón). Aquí andamos tratando de recuperarnos.

Y no es el que vino me haga más elocuente o menos cohibida. Más bien el vino es “suero de la verdad”. Pero eso es tema para otro blog, hoy solo hay espacio para los cuernos largos.

El target: Longhorn de Caguas.
La experiencia: Fatal
Y antes de que se pregunten porque sigo yendo tienen que entender mi posición. Si no existen restaurantes malos yo no tengo taller. Así que me corresponde a mi la ardua labor de visitar y evaluar. A veces me pongo coneja y me da por otorgarle segundas oportunidades y a veces hasta más. Pero es que en esta ocasión ya se ha pasado de café claro a negro y puya. Hay que “bloggear” el deber me obliga.

Ando adicta a una batata asada que sirven “loaded” con mantequilla, azúcar negra y canela. En el Longhord de Carolina la he pedido varias veces. En esta ocasión cuando no la hubo en Caguas el gerente hizo el inútil esfuerzo de conseguirla. Sí inútil, porque aún cuando logró conseguirla la misma estaba cruda. Para completar el “steak” de la nena, que era “medium well” llegó “well over done!”
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Ahora bien, la queja aunque no se hizo esperar el “bartender” hizo un buen “recovery”. La Nella obtuvo un postre por la casa y nos pidió disculpas. Hasta aquí estamos bien. Semanas después regresé nuevamente con los niños a comer todavía al pediente de la batata asada. En esta ocasión Jared, que pidió el especial del día se encontró con que, aún no habiendo culminado el día, el especial no había. Una pasta que carecía de salsa Alfredo. La batata estaba “86” otra vez y ¿qué creen? ¿Cuán difícil puede ser que un talentoso cocinero de línea queme una carne por segunda ocasión? Acertaron, de dos, dos.
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A tres cocineros que en ese momento salían de la cocina de Longhorn no perdí la oportunidad de increparlos por la evidente mala administración de la cocina. ¿Pero qué se puede esperar de 3 novatos vistiendo indumentarias de “chef”? Si Walmart queda a 3 minutos de distancia ¿porqué no comprar los ingredientes y prepararla? “Aahhhhhhhhh, mi Pequeño Saltamontes…” -ripostó el menos bruto de los tres: “Porque eso es trabajo del gerente no de la cocina.”

Yo no sé ustedes (que no son de la industria) pero si yo llego a mi puesto de trabajo y me hacen falta mis herramientas no me quedan más que dos opciones: ¡improvisar o abofetear a mi gerente por su ineptitud!

Tienen que entender que el todo (un restaurante) es mayor que la suma de sus partes (la cocina, la barra, el salón), según lo manifiesta la terapia Gestalt. Si tu parte está incompleta o no funciona con el resto de las partes, el todo (el restaurante) se verá afectado.

Terapia de la Gestalt:

Yo soy yo (cocinero), Tú eres Tú (gerente)
Tú haces lo Tuyo (administrar), Yo hago lo Mío (cocinar)
Yo no vine a este mundo para vivir
De acuerdo a tus expectativas (“si se acabó, se acabó, ponle un “86”)
Tú no viniste a este mundo para vivir
De acuerdo con mis expectativas (“Si se acabó, se acabó y a ti te toca ordenar más”)
Yo hago mi vida (cocinar para satisfacer clientes), Tú haces la tuya (administrar para satisfacer cocina y clientes)
Si coincidimos, será maravilloso (¡un restaurante completamente funcional!)
Si no, no hay nada que hacer. (¡pa’l carajo to’ el mundo -A PONCHAR!)

*P.S. Las elocuentes anotaciones son de mi autoría….

Bien, no me quedó de otra que protestar en voz baja (por aquello de que mi hijo se abochorna de los tantrums de su madre en la industria). Dejarle saber con tacto a la gerencia del restaurante Longhorn de Caguas su ineptitud tan sorprendente para administrar un restaurante que básicamente está contenido en una manual que solo hace falta leerlo. Y como bien les dije me gusta dar oportunidades, no olviden que ustedes reciben mal servicio en el banco donde reposa su hipoteca, en el “dealer” donde compraron su flamante vehículo y como quiere siguen visitándolo. Pero es hora de poner un alto ante semejante desfachatez de desangrar al cliente con tan mal servicio.

El bartender preocupado me preguntaba: “¿No vuelve?”

-¿Yo? Naahhh eso no es lo que te debe preocupar. Lo que le debe preocupar a la gerencia es que yo “bloggeo”….nada más.

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About Jess!

Consultora de Operaciones de Alimentos y Bebidas. Catadora común y corriente de los placeres de la carne y los espíritus destilados y fermentados.Expertise en Servicio al Cliente...

One response »

  1. Esto es realmente revelador, eres un blogger muy profesional. Me he unido a tu RSS y deseo disfrutar más cosas en este gran blog. Además, !he compartido tu sitio en mis redes sociales!

    Saludos

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